LOS DERECHOS NO SE MANCHAN
La performance que representó un acto político contra la discriminacion y la homofobia del mundial Qatar 2022.
Dos equipos. Una pelota. Por un lado policías uniformados. Por el otro, maricas, trans y lesbianas que juegan vistiendo la camiseta del orgullo mientras disputan sus derechos en la cancha. Suena el primer silbato. El partido comienza. Todes corren detrás de la pelota pero los pases nunca llegan para el equipo colorido. Los uniformados arrebatan, empujan y lideran el partido. El referí no marca falta para la ley y los jugadores del equipo arcoiris protestan que “la cancha está inclinada”. Llegando al tiempo de descuento, cuando parece que todo está perdido, una jugadora toma la delantera y le quita la pelota a uno de los uniformados. Con el último aliento, encara por el costado de la línea de cal, sobrepasa al último hombre y aprovecha que el arquero está adelantado para meter un bombazo desde afuera del área logrando definir el partido. Al grito de “¡Gol!” la comunidad alza su brazalete multicolor contra la discriminación y a favor de la diversidad.
Así fue llevada a cabo la performance liderada por el movimiento All Out realizada el martes pasado frente al museo de la FIFA en Zúrich en defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Las manifestaciones se realizaron luego de las declaraciones de Khalid Salman, embajador del mundial de Qatar 2022, quien sostuvo que: “Si los homosexuales aceptan venir al mundial, tendrán que cumplir con nuestras reglas”. Además, declaró que la homosexualidad es un trastorno mental y que "cuando los niños vean a los gays, aprenderán algo que no es bueno”.
A pesar de la importancia de este acto de resistencia, la FIFA sigue mirando hacia un costado y los preparativos para el mundial siguen su curso natural y heteropatriarcal. Desde que se designó a Qatar como sede del mundial, artistas, manifestantes y representantes de la comunidad LGBTIQ+ expresan disconformidad con las políticas de este país. Curiosamente en el mes del orgullo el presidente del comité organizador Al-Khater manifestó que quien luciera la bandera LGBTIQ+ sería arrestado por 7 u 11 años.
Esto encendió la alarma de Justin Lessner, director de la campaña de All Out: “Las vidas de las personas LGBTIQ+ están en peligro en Qatar, y la FIFA sigue de brazos cruzados, es por ello que tenemos que actuar como sociedad civil y aficionados al fútbol”. Además, suspenderán los fans fest con trasmisión de los partidos en varias ciudades de estos países europeos como señal de boicot al contexto en el cual se llevará a cabo el mundial.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, minimizando la situación, considera que todas las personas serán bienvenidas en Qatar siempre y cuando se respeten las leyes del país, además aseguró que: “Si Qatar no diera la bienvenida a todos no hubiera organizado el evento”.
La FIFA le solicitó a las 32 selecciones participantes ocuparse sólo de las cuestiones futbolísticas, también se manifestó en contra de la camiseta de protesta que propuso la selección de Dinamarca para utilizar durante los entrenamientos previo a cada partido.
No es la primera vez que un mundial de fútbol es llevado a cabo en contextos de reclamo social que a priori son tomados como problemas ajenos por la institución. A lo largo de la historia, se disputaron mundiales en medio de dictaduras militares como sucedió en Argentina 1978; en Brasil 2014 frente a violaciones de derechos humanos; o en medio de las reiteradas protestas que se dieron en el último mundial de Rusia 2018 donde se denunciaban persecuciones e intentos de purga para la comunidad gay en todo el país.
El escritor Eduardo Galeano sostenía que el fútbol es el espejo del mundo. En este caso, Qatar 2022, refleja que aún hoy no existen leyes universales que contemplen y resguarden las libertades de todes, ni que garanticen el derecho a existir de todas las identidades. A raíz de estos hechos y declaraciones, se han viralizado datos que dan cuenta de la alarmante situación en distintos Estados. Hoy en día existen 70 países donde las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son ilegales o están penalizadas, incluso hasta con la pena de muerte.
A fin de cuentas, en Qatar o en Argentina, el mundial continúa bajo una única certeza: si el fútbol es el espejo del mundo, la resistencia sigue siendo la mejor arma para combatir la realidad que refleja.
Dos equipos. Una pelota. Por un lado policías uniformados. Por el otro, maricas, trans y lesbianas que juegan vistiendo la camiseta del orgullo mientras disputan sus derechos en la cancha. Suena el primer silbato. El partido comienza. Todes corren detrás de la pelota pero los pases nunca llegan para el equipo colorido. Los uniformados arrebatan, empujan y lideran el partido. El referí no marca falta para la ley y los jugadores del equipo arcoiris protestan que “la cancha está inclinada”. Llegando al tiempo de descuento, cuando parece que todo está perdido, una jugadora toma la delantera y le quita la pelota a uno de los uniformados. Con el último aliento, encara por el costado de la línea de cal, sobrepasa al último hombre y aprovecha que el arquero está adelantado para meter un bombazo desde afuera del área logrando definir el partido. Al grito de “¡Gol!” la comunidad alza su brazalete multicolor contra la discriminación y a favor de la diversidad.
Así fue llevada a cabo la performance liderada por el movimiento All Out realizada el martes pasado frente al museo de la FIFA en Zúrich en defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+. Las manifestaciones se realizaron luego de las declaraciones de Khalid Salman, embajador del mundial de Qatar 2022, quien sostuvo que: “Si los homosexuales aceptan venir al mundial, tendrán que cumplir con nuestras reglas”. Además, declaró que la homosexualidad es un trastorno mental y que "cuando los niños vean a los gays, aprenderán algo que no es bueno”.
A pesar de la importancia de este acto de resistencia, la FIFA sigue mirando hacia un costado y los preparativos para el mundial siguen su curso natural y heteropatriarcal. Desde que se designó a Qatar como sede del mundial, artistas, manifestantes y representantes de la comunidad LGBTIQ+ expresan disconformidad con las políticas de este país. Curiosamente en el mes del orgullo el presidente del comité organizador Al-Khater manifestó que quien luciera la bandera LGBTIQ+ sería arrestado por 7 u 11 años.
Esto encendió la alarma de Justin Lessner, director de la campaña de All Out: “Las vidas de las personas LGBTIQ+ están en peligro en Qatar, y la FIFA sigue de brazos cruzados, es por ello que tenemos que actuar como sociedad civil y aficionados al fútbol”. Además, suspenderán los fans fest con trasmisión de los partidos en varias ciudades de estos países europeos como señal de boicot al contexto en el cual se llevará a cabo el mundial.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, minimizando la situación, considera que todas las personas serán bienvenidas en Qatar siempre y cuando se respeten las leyes del país, además aseguró que: “Si Qatar no diera la bienvenida a todos no hubiera organizado el evento”.
La FIFA le solicitó a las 32 selecciones participantes ocuparse sólo de las cuestiones futbolísticas, también se manifestó en contra de la camiseta de protesta que propuso la selección de Dinamarca para utilizar durante los entrenamientos previo a cada partido.
No es la primera vez que un mundial de fútbol es llevado a cabo en contextos de reclamo social que a priori son tomados como problemas ajenos por la institución. A lo largo de la historia, se disputaron mundiales en medio de dictaduras militares como sucedió en Argentina 1978; en Brasil 2014 frente a violaciones de derechos humanos; o en medio de las reiteradas protestas que se dieron en el último mundial de Rusia 2018 donde se denunciaban persecuciones e intentos de purga para la comunidad gay en todo el país.
El escritor Eduardo Galeano sostenía que el fútbol es el espejo del mundo. En este caso, Qatar 2022, refleja que aún hoy no existen leyes universales que contemplen y resguarden las libertades de todes, ni que garanticen el derecho a existir de todas las identidades. A raíz de estos hechos y declaraciones, se han viralizado datos que dan cuenta de la alarmante situación en distintos Estados. Hoy en día existen 70 países donde las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son ilegales o están penalizadas, incluso hasta con la pena de muerte.
A fin de cuentas, en Qatar o en Argentina, el mundial continúa bajo una única certeza: si el fútbol es el espejo del mundo, la resistencia sigue siendo la mejor arma para combatir la realidad que refleja.
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